La Navidad y el luto

La Navidad es una época muy especial por muchos motivos, pero destaca sobretodo su componente eminentemente familiar.

Esta época del año nos permite disfrutar con nuestros seres queridos. Momentos de reunión, de festividad, de compartir sonrisas con quiénes más queremos.

Pero estas fechas que nos invitan a la alegría también pueden ser especialmente duras para todas aquellas personas que se enfrentan a la ausencia de un ser muy querido.

La pérdida de seres queridos siempre es dura y su ausencia, sobre todo al principio, se nota cada día, pero, es en fechas especiales cuando más podemos sentir nostalgia por su falta. Este sentimiento de tristeza puede hacerse más patente cuando nos sentimos rodeados de un ambiente de festejo.

La pérdida de un ser querido, y el sentimiento que genera en nosotros siempre va a acompañarnos, pero esto no significa que debamos o que tengamos que dejarnos arrastrar por un sentimiento continuo de tristeza.

Todos los que hemos perdido a un ser querido, sabemos que es una ausencia que siempre vamos a notar, a veces más, a veces menos, y, por ello, hay personas que reciben estas fechas navideñas con especial temor, ya que saben que esa sensación de ausencia aún va a ser más palpable.

Recordar a quiénes queremos y ya no están es parte del proceso, y es aconsejable que dejemos que nuestros sentimientos fluyan. Es posible que tengamos ganas de llorar, y esto es bueno, por que deja aflorar todos nuestros sentimientos. Pero, debemos procurar que nuestros pensamientos no giren siempre en torno a esa ausencia e intentar de disfrutar de aquellos que aún están.

Sin duda vamos a notar su falta y vamos a rememorar gran cantidad de momentos especiales. Puede que, al principio, si la pérdida es reciente, estos recuerdos sean más dolorosos, pero, con el tiempo, esa profunda tristeza dará a paso a una rememoranza más positiva.

Aunque nos enfrentemos a momentos en los que no tengamos ganas de nada, debemos intentar hacer el esfuerzo de seguir hacia delante y centrarnos en todo lo bueno que aún nos queda.

¿Cómo sobrellevar la Navidad cuándo falta un ser querido?

Los sentimientos, sean de la naturaleza que sean, deben siempre fluir. A veces no somos dueños/as de ellos/as pero sí podemos controlar la forma en que los expresamos y gestionamos. Por eso, si nos sentimos tristes, algo completamente normal, no tenemos que reprimirlos. Llorar si es necesario. Es normal, y es terapeútico. Hablar además de ello con nuestros seres más queridos en un entorno de confianza también nos ayudará.

No estamos solos. Aunque a veces sintamos la necesidad de alejarnos de todo y de todos/as, es importante recordar que tenemos a personas cercanas que se preocupan por nosotros y no nos debe dar apuro pedir su consuelo o su ayuda. Compartir los malos momentos con quiénes más queremos nos ayuda a sobrellevar el dolor.

Aunque en Navidad tengamos la necesidad de aislarnos debemos procurar compartir algunos momentos con los demás. Es posible que no tengamos ganas de acudir a todas las reuniones y festejos pero sí es aconsejable no estar en permanente soledad y compartir aunque sea algunos momentos con nuestras personas más cercanas.

Aunque el dolor estará ahí, y no podremos olvidarnos de él, tampoco debemos convertirlo en el centro de todo nuestro día. Es una buena idea intentar distraernos realizando actividades o compartiendo momentos con los demás.

Hay personas a las que enfocarse en ayudar al prójimo, y más en estas fechas, les ayuda a sobrellevar el dolor y les reconforta, por ejemplo, participando en actividades para ONGs.

A algunas personas celebrar la Navidad, o las fiestas en general en cierta forma les puede generar un cierto sentimiento de culpabilidad con respecto a quién ya no está. Debemos pensar que pueden convivir varios sentimientos. Quiénes ya no están siempre van a estar en nuestro pensamiento, pero a la vez podemos ir disfrutando de las pequeñas cosas que nos sigue ofreciendo la vida.

La Navidad es una época difícil para aquellos que han perdido a personas esenciales en su vida. Debemos asumir con naturalidad los sentimientos de nostalgia a los que nos enfrentaremos, no ocultarnos o reprimirlos, pero a la vez, podemos encontrar consuelo en esos pequeños momentos que nos permitan mitigar el dolor y vislumbrar lo bueno que aún conservamos a nuestro alrededor.

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